TERAPIA BREVE

La Terapia Breve es un modelo de psicoterapia enfocado en solucionar de forma simple los problemas complejos que puede experimentar una persona. Para ello, se persigue la eficiencia: el máximo resultado con los mínimos recursos posibles.

De este modo, la terapia se convierte en un proceso de optimización en el que se elimina todo lo superficial y se incide directamente en el eje central del problema, realizando una intervención estratégica que modifica el patrón de malestar en el que se encuentra el individuo.

El malestar desde la Terapia Breve

Psicólogo Sanitario (Colegiado A-04314)

El sufrimiento psicológico no es una enfermedad, sino un problema a resolver. Podemos definir el malestar humano como la discrepancia entre el estado actual de una persona y su estado deseado; es decir, la diferencia entre lo que tiene y lo que quiere.

Quien sufre desea cambiar y modificar su situación hacia un estado más deseable e idílico. Sin embargo, en ese proceso existen numerosas variables que interfieren en la vida de la persona, que dificultan su progreso y que hacen del cambio un problema difícil de resolver que genera sufrimiento y dolor.

Por lo tanto, la terapia breve es el arte de manejar las interferencias que impiden que una persona cambie, para acercarla paulatinamente a su objetivo vital, desenredar el problema y aliviar el malestar que provoca.

Duración de la intervención

La terapia breve, como su propio nombre indica, trata de que el proceso sea lo más sintético y corto posible. Esto no implica hacer las cosas corriendo y de forma acelerada, sino poner la atención y el esfuerzo en lo sustancial, descartando lo superfluo e irrelevante. Así pues, se buscan intervenciones que optimicen el tiempo y el dinero invertido para que el paciente pueda seguir con su vida cuanto antes.

La intervención se estructura en un abanico orientativo de 10 sesiones. No es una formato rígido, pudiéndose adaptar en función de las necesidades de cada caso. Sin embargo, los estudios nos indican que las mejoras más significativas se producen en las primeras sesiones, por lo que debemos potenciar el resultado desde el principio y, con suerte, ni siquiera será necesario llegar a la décima sesión.

Con estrategia y inteligencia, la resolución de los problemas suele estar mucho más cerca de lo que la gente piensa. Y despacio, porque tenemos prisa.

Evidencia científica

La Terapia Breve cuenta con un respaldo científico sólido y ha demostrado ser eficaz en numerosos problemas psicológicos como la ansiedad, las fobias, el TOC, los trastornos de la alimentación, los problemas del estado de ánimo, los conflictos de la infancia y la adolescencia, los trastornos de la personalidad y las disfunciones sexuales. A su vez, también propone una filosofía de resolución de problemas que puede utilizarse en los diferentes avatares de la vida cotidiana, por lo que encuentra aplicación en numerosas situaciones.

Los estudios muestran que la mayoría de las personas experimentan mejorías significativas en relativamente pocas sesiones, alcanzando una media de resultados positivos en el 88% de los casos.

Cabe destacar que una variable indispensable para que la terapia funcione es disponer de un buen terapeuta que sepa interpretar tu problema y, especialmente, que se logre crear un vínculo de confianza y compromiso mutuo. El proceso terapéutico es siempre un trabajo en equipo, por lo que debe existir una alianza y colaboración recíproca.

Principios de intervención

La terapia breve trata de diseccionar y estudiar la naturaleza de los problemas para encontrar la solución más adecuada. Por este motivo, sigue una filosofía muy analítica y funcional.

Los problemas humanos son complejos por la gran cantidad de variables que influyen y que afectan a dicho problema. Esta complejidad presenta ciertas características:

  • Falta de información: muchas veces, desconocemos las causas de un determinado problema, y eso puede crear desorientación y sensación de incertidumbre. En el plano psicológico, existen tantos estímulos biológicos y contextuales que encontrar causas concretas es un rompecabezas imposible. Sin embargo, no debemos permitir que eso nos bloquee, pues no es necesario conocer las causas de un problema para ponerle solución, del mismo modo que no es necesario saber por qué se ha fundido una bombilla para cambiarla.

  • Bucle de retroalimentación: los problemas no son estáticos, sino que evolucionan con el tiempo. De hecho, la mayoría de problemas suelen aparecer como algo insignificante que poco a poco va creciendo y apoderándose de la persona. En terapia entendemos que un problema se compone, por un lado, de aquello que queremos solucionar; y, por otro, de aquellas soluciones que hemos aplicado sin éxito y que han contribuido a que el problema empeore. Por tanto, las personas somos agentes activos de nuestro problema, e interferimos en él de forma dinámica. Uno de los pilares de la intervención terapéutica es lograr que la persona, al menos, aprenda a no contribuir negativamente al problema: si estás en un hoyo, deja de cavar.

  • Multiplicidad de objetivos: en ocasiones, ni siquiera sabemos qué es lo que queremos lograr, por lo que nuestras metas están difusas e incluso pueden llegar a ser contradictorias. Esto dificulta la búsqueda de soluciones e impide focalizar el proceso. Así pues, el terapeuta ayudará a la persona a definir sus objetivos y establecer una ruta para alcanzarlos.

  • La naturaleza de los problemas humanos es compleja porque todavía existe un gran desconocimiento de la mente, y eso hace que muchas veces percibamos nuestro modo de vida como impredecible, ilógico o inexplicable. Sin embargo, las personas somos constructores activos de nuestra realidad, y podemos esforzarnos por dotar de un sentido a cuanto nos rodea.

El terapeuta breve es un experto en resolución de problemas humanos, y su estrategia reside en descomponerlos en diferentes partes, identificar los factores que influyen en su desarrollo y mantenimiento, y proponer alternativas que rompan el bucle en el que se encuentra la persona. Por este motivo, la terapia breve es ecléctica; es decir, combina diferentes teorías, sistemas y técnicas para diseñar a medida las intervenciones, de forma coherente y personalizada a cada caso.

El papel del terapeuta

El terapeuta breve adopta un rol directivo y analítico dentro del proceso clínico. No se limita a escuchar o acompañar pasivamente, sino que formula hipótesis sobre los mecanismos que mantienen el problema y diseña intervenciones específicas para modificar esos mecanismos. Su función principal es actuar como un agente de cambio, ayudando al paciente a romper los ciclos de pensamiento, emoción y conducta que perpetúan el malestar. Utiliza preguntas estratégicas, reestructuración de significados y tareas estructuradas, guiando el proceso con una orientación clara hacia objetivos concretos y resultados observables, siempre adaptándose de manera flexible a la respuesta del paciente.

El objetivo de la terapia

El objetivo principal de cualquier proceso terapéutico debería ser devolver la autonomía al paciente, proporcionándole los recursos necesarios para hacer frente a sus problemas de forma independiente.

No buscamos eliminar el malestar, sino aprender a gestionarlo. El malestar es una condición consustancial a la vida, y como tal no podemos erradicarlo por completo, pues siempre tenderá a aparecer en una forma u otra. Sin embargo, aprender a identificarlo y a lidiar con él es una cualidad fundamental para poder vivir con integridad. Y eso es exactamente lo que persigo en mi terapia: que la persona aprenda las herramientas para afrontar las diversas situaciones que se le presenten y emanciparse del sufrimiento crónico.