Ansiedad

¿Y si el problema no es la ansiedad, sino lo que haces para que desaparezca?

Probablemente llevas un tiempo —quizá mucho tiempo— intentando que la ansiedad se vaya. Has probado cosas: respirar, distraerte, evitar las situaciones que la disparan, hablar con alguien de confianza cuando el malestar se vuelve insoportable, intentar razonar contigo mismo hasta convencerte de que no hay motivo real para sentirte así. Y la ansiedad sigue ahí. A veces más fuerte, a veces más sorda, pero presente.

Si te reconoces en esto, lo primero que quiero decirte es que eso no significa que estés haciendo algo mal ni que tu caso sea especialmente difícil. Significa, casi con toda probabilidad, que las soluciones que has estado usando son exactamente las soluciones que cualquiera usaría de forma intuitiva — y que, sin embargo, son las que mantienen el problema vivo. No por tu culpa. Sino porque la ansiedad tiene una lógica propia, bastante contraintuitiva, que hace que las respuestas más naturales sean también las más contraproducentes.

De eso trata mi trabajo contigo.

Lo que probablemente ya sabes sobre tu ansiedad — y por qué no es suficiente

La mayoría de las personas que llegan a consulta con un problema de ansiedad ya saben bastante sobre ella. Saben que es "un mecanismo de alarma", que el cuerpo "se equivoca al detectar el peligro", que "hay que respirar", que "no es racional". Algunos han leído libros, han hecho cursos de mindfulness, han seguido cuentas de psicología en redes. Tienen mucha información. Y aun así, la ansiedad no se ha ido.

Esto no es una paradoja: es un patrón muy frecuente, y tiene una explicación. Entender la ansiedad intelectualmente no es lo mismo que modificar el sistema que la produce. La ansiedad no vive en el pensamiento racional — vive en un nivel más profundo, en lo que en terapia breve estratégica llamamos el sistema perceptivo-reactivo: la forma en que percibes y reaccionas ante determinadas situaciones de forma automática, antes incluso de que el pensamiento consciente tenga tiempo de intervenir. Por eso saber que "no hay motivo real" no apaga la alarma. La alarma no escucha argumentos.

Lo que sí modifica ese sistema es intervenir directamente sobre las reacciones automáticas — sobre lo que haces cuando la ansiedad aparece. Y eso es exactamente lo que trabajamos en consulta.

El círculo que nadie te ha explicado

Hay algo que, cuando lo entiendes, cambia completamente la forma de ver tu ansiedad. Y es esto: en la mayoría de los casos, no es la ansiedad en sí el problema central. Es el miedo a la ansiedad.

En un momento dado — puede que después de una crisis de pánico, puede que de forma más gradual — algo cambió. Dejaste de tener simplemente ansiedad ante ciertas situaciones, y empezaste a tener miedo de que la ansiedad apareciera. Eso parece un matiz pequeño, pero no lo es. Porque cuando tienes miedo de que la ansiedad aparezca, empiezas a estar hipervigilante: escuchas tu cuerpo, monitoreas tus sensaciones, intentas detectar los primeros síntomas para controlarlos. Y esa hipervigilancia, paradójicamente, provoca exactamente las sensaciones que temes — porque el cuerpo en estado de alerta produce exactamente eso: sensaciones físicas, aceleración, tensión. Lo que empezó como un mecanismo de protección se convierte en el mecanismo que dispara el problema.

A esto se suma otro círculo, igual de importante: la evitación. Cuando evitas las situaciones que te generan ansiedad —no coges el metro, no entras en lugares concurridos, no hablas en público, cancelas planes— consigues alivio inmediato. Pero ese alivio tiene un precio: le estás confirmando a tu sistema de alarma que esa situación era efectivamente peligrosa. La próxima vez, la alarma sonará con más fuerza. Y la zona de lo que puedes hacer sin ansiedad se hace, poco a poco, más pequeña.

Entender esto no es suficiente para cambiarlo — ya hemos hablado de eso. Pero sí es el punto de partida para diseñar una estrategia que funcione.

Cómo trabajo yo la ansiedad en consulta

Mi enfoque es el de la terapia breve estratégica, un modelo desarrollado originalmente por Giorgio Nardone y su equipo en el Centro di Terapia Strategica de Arezzo, Italia. Es un modelo que no parte de "entender el pasado" ni de "hablar sobre la ansiedad" indefinidamente. Parte de una pregunta muy concreta: ¿qué estás haciendo ahora mismo, en tu vida cotidiana, que mantiene el problema? Y a partir de ahí, construimos juntos una forma de actuar diferente que rompa ese círculo.

Esto se traduce en trabajo muy concreto. No vendrás a consulta a hablar de cómo te sientes en general — vendrás con situaciones específicas, con patrones identificables, y yo te daré indicaciones precisas sobre cómo actuar de forma distinta ante ellas. Algunas de esas indicaciones parecerán contraintuitivas al principio — y es normal, porque si la solución intuitiva hubiera funcionado, no estarías aquí. Lo que hace que este enfoque sea efectivo es exactamente eso: interrumpir el automatismo que mantiene el problema, no desde el razonamiento, sino desde la experiencia directa de hacer algo diferente y comprobar que el resultado también es diferente.

Una de las técnicas más características de este modelo para el trabajo con ansiedad y pánico es lo que Nardone llama "la peor fantasía" — una prescripción paradójica que, en lugar de ayudarte a evitar o controlar el pensamiento ansioso, te propone una relación completamente distinta con él. No voy a explicarla aquí en detalle, porque su eficacia depende del momento y la forma en que se introduce, y hacerla "en abstracto" no solo no sirve sino que puede contraproducir. Pero te la menciono porque ilustra bien de qué va este enfoque: no se trata de convencerte de que no hay peligro, sino de cambiar, de forma muy concreta y guiada, tu forma de relacionarte con el miedo.

Lo que puedes esperar del proceso

El modelo de terapia breve estratégica es, por definición, breve. Eso no significa superficial — significa eficiente. En los estudios publicados por el equipo de Nardone, los trastornos de ansiedad y pánico muestran tasas de resolución que rondan o superan el 85-90% de los casos, en tratamientos de entre 7 y 20 sesiones, con resultados que se mantienen en los seguimientos a largo plazo. Son datos que avalan el modelo a nivel general; lo que ocurra en tu caso concreto depende de muchos factores que exploraremos juntos desde el principio.

Lo que sí puedo decirte es que no vas a estar en terapia indefinidamente. Desde la primera o segunda sesión tendrás una hipótesis clara de qué está manteniendo tu ansiedad y una estrategia concreta para empezar a modificarlo. El progreso se nota relativamente pronto, y eso —en mi experiencia— es uno de los elementos que más ayuda a sostener el proceso: comprobar que algo cambia, incluso cuando el cambio al principio es pequeño.

Una última cosa...

Si has llegado hasta aquí leyendo, probablemente hay algo en este texto que te ha resonado. Quizá es el reconocimiento de haber intentado muchas cosas sin resultado duradero. Quizá es la descripción del círculo de evitación, o del miedo al miedo. Quizá simplemente es el cansancio de llevar tanto tiempo con esto.

Ese reconocimiento — ese "esto me suena" — es, en mi experiencia, un buen punto de partida. No hace falta llegar a consulta con todo claro, ni con el problema perfectamente definido, ni con la certeza de que "esto es lo tuyo". Con venir y contarme qué está pasando es suficiente para empezar a entenderlo juntos.

Si quieres dar ese paso, puedes reservar una primera sesión conmigo directamente desde aquí.

Si quieres saber más sobre la ansiedad, te regalo esta guía para descargar en PDF:

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ESPECIALISTA EN TERAPIA BREVE ESTRATÉGICA