Autoestima

El problema del "quiérete más"

Probablemente ya sabes que tienes que quererte más. Te lo han dicho, te lo has dicho tú mismo, lo has leído en libros y en cuentas de Instagram. Y aun así, aquí estás: exigiéndote demasiado, criticándote cada vez que algo no sale como esperabas, necesitando la aprobación de los demás para sentirte bien con lo que haces, comparándote constantemente con otros y saliendo casi siempre perdiendo de esa comparación.

El problema con el consejo de "quérete más" es que es un objetivo sin instrucciones. Nadie te dice cómo. Y la razón por la que nadie lo dice es que la autoestima no funciona como una decisión ni como una afirmación. No se consigue pensándola diferente. Se construye — o se erosiona — a través de patrones muy concretos de comportamiento que repetimos día tras día, a menudo sin darnos cuenta de que lo hacemos.

Mi trabajo contigo va exactamente de eso: de identificar qué patrones concretos están manteniendo esa forma de mirarte a ti mismo, y de modificarlos de forma activa y guiada.

Lo que probablemente has intentado — y por qué no ha sido suficiente

La mayoría de las personas que llegan a consulta con un problema de autoestima han hecho cosas para intentar mejorarla. Algunas han intentado ser más positivas, decirse cosas amables, escribir sus logros. Otras han trabajado más, conseguido más, logrado más objetivos — esperando que en algún momento llegara esa sensación de "ya soy suficiente". Otras han buscado relaciones, amistades o entornos donde se sintieran valoradas, esperando que el reconocimiento externo llenara lo que faltaba desde dentro.

Nada de esto es absurdo. Todo tiene una lógica. Y sin embargo, si estás leyendo esto, probablemente ninguna de esas estrategias ha producido un cambio real y duradero.

Desde la terapia breve estratégica, esto tiene una explicación concreta. Las estrategias que la mayoría usamos de forma intuitiva para mejorar nuestra autoestima tienen un problema de fondo: no modifican el patrón que la mantiene baja, sino que trabajan en paralelo a él — o, en muchos casos, lo refuerzan sin pretenderlo.

El círculo que mantiene la autoestima baja

Hay tres patrones que aparecen con más frecuencia en los problemas de autoestima que trabajo en consulta, y que funcionan como un sistema que se autoalimenta:

El primero es la búsqueda de validación externa. Cuando la sensación de valía propia depende principalmente de lo que los demás dicen o piensan — del cumplido, de la aprobación, del "lo has hecho bien" —, se instala una necesidad que nunca queda completamente satisfecha. El reconocimiento externo calma momentáneamente, pero no construye nada sólido: la próxima vez que falta, el malestar vuelve con la misma intensidad. Y cada vez que la validación externa funciona como alivio, se refuerza la creencia implícita de que el propio criterio no es fiable ni suficiente.

El segundo es el perfeccionismo compensatorio. La lógica es esta: si logro suficiente, si lo hago suficientemente bien, llegaré a sentirme bien conmigo mismo. El problema es que el listón siempre sube. Ningún logro es suficiente durante mucho tiempo. Siempre aparece el siguiente objetivo, la siguiente comparación desfavorable, el siguiente "sí, pero…". Es un horizonte que se aleja a la misma velocidad a la que avanzas.

El tercero es la evitación de situaciones donde uno podría fallar o ser juzgado. Cuando la autoestima es baja, el error o el juicio ajeno se viven como confirmaciones definitivas de lo que ya "se sabe" sobre uno mismo. Eso lleva a evitar precisamente las situaciones que podrían generar experiencias correctoras — situaciones donde comprobar que uno puede equivocarse y que eso no define su valor.

Estos tres patrones juntos forman un sistema muy cerrado. Y la salida no está en ninguno de ellos por separado, sino en modificar la lógica que los sostiene.

Cómo trabajo yo la autoestima en consulta

Lo primero que hago es algo que puede parecer contraintuitivo: no empezamos hablando de autoestima. Empezamos hablando de comportamientos concretos. Qué haces cuando te equivocas. Cómo te hablas cuando algo no sale bien. Qué buscas en los demás antes de sentirte seguro de algo. Qué evitas para no exponerte a sentirte mal.

Eso me permite identificar, con precisión, qué patrones específicos están manteniendo la baja autoestima en tu caso — porque no todos los problemas de autoestima son iguales, y lo que funciona para uno no necesariamente funciona para otro.

A partir de ahí, el trabajo consiste en diseñar intervenciones concretas que interrumpan esos patrones desde la experiencia, no desde la reflexión. La autoestima no se convence — se reconstruye haciendo cosas distintas y comprobando, en la propia experiencia, que el resultado es diferente a lo que se temía. Esto incluye prescripciones específicas relacionadas con la autocrítica, con la forma de gestionar el error, y con la relación que tienes con la aprobación de los demás.

Algunas de esas prescripciones tienen un carácter paradójico que, al principio, puede sorprender. Cuando se entiende la lógica detrás de ellas —y esa lógica se entiende mejor desde la experiencia que desde la explicación previa—, suelen producir cambios que ninguna cantidad de "piensa en positivo" había conseguido.

Lo que puedes esperar del proceso

Los problemas de autoestima rara vez se presentan solos: suelen acompañar a cuadros de ansiedad, depresión o dificultades relacionales. En mi práctica clínica, los trabajo de forma integrada con lo que los acompaña, porque separar "el problema de autoestima" del resto del cuadro suele ser artificial y poco útil.

Lo que sí puedo decirte es que los cambios en este terreno suelen notarse de una forma particular: no como una revelación ni como un momento en que "todo encaja", sino como una acumulación de experiencias concretas en las que la autocrítica automática empieza a perder velocidad, en las que el error deja de vivirse como catástrofe, en las que la opinión de los demás pesa un poco menos que antes. Esos cambios pequeños son los que acaban construyendo algo sólido — mucho más sólido que cualquier afirmación positiva.

Una última cosa...

Si llevas tiempo tratándote con una exigencia que jamás aplicarías a otra persona, eso no es un rasgo de carácter inamovible. Es un patrón. Y los patrones, cuando se identifican con precisión y se abordan de forma estratégica, cambian. Si quieres explorar cómo hacerlo en tu caso concreto, puedes reservar una primera sesión conmigo directamente desde aquí.

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